Principio de los actos de
Cruces
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Carlos von Son
Obra en 5 Actos
Acto I
Dr. Brett Rim
Dra. Leticia Aguilar
Dr. Remedios Sánchez
Acto II
Inicuo Pérez
“Chasqui” Cruz
Juan Morales
Esperanza Ángeles
Munífico Ángeles
Librado Montes
Guadalupe Heredia
Tranquilino Cruz
Clemencia Huerta
Sandio Lerdo
Alba Graciela
Pedro Morriña
Josefina Lozano
Lucio Diástoles
Macaria Bravo
Acto III
Esperanza Ángeles
Munífico Ángeles
Librado Montes
Guadalupe Heredia
Acto VI
Clemencia Huerta
Sandio Lerdo
Tranquilino Borda
Acto V
Pedro Morriña
Josefina Lozano
Alba Graciela
Macaria Bravo
Lucio Diástoles
Narrador (cantante que narra en corrido las canciones de los hechos de los cuatro actos. Corridos cortos y al final de cada acto)
(Proyector de transparencias sobre el escenario mostrando imágenes de la frontera, de la reja, de gente, y todas las imágenes son del área de Campo, California. Termina la proyección y se abre el telón.)
Acto I
(Un salón con camillas y varios cuerpos muertos. Dos médicos patólogos examinando uno de los cuerpos. El doctor Brett Rim, ario, de unos sesenta años, acento marcado al hablar español pero habla gramaticalmente correcto, el Dr. Remedios Sánchez, joven, de unos treinta años, moreno y bien parecido, y su aprendiz la Doctora Aguilar, hispana, sin acento, de unos veinticinco años.)
Dr. Brett Rim: ¿Sabemos el nombre de este migrante?
Dra. Leticia Aguilar: Ahí está su nombre, en la etiqueta del tobillo.
Dr. Brett Rim: Ah sí, estaba escondida bajo la pantorrilla. Mira Aguilar, observa su cara y su gesto, parece que murió en paz. De alguna forma parece que tiene la palabra amor escrita en el rostro.
Dra. Leticia Aguilar: Sí, parece decir que no sufrió al morir. Tenemos su nombre porque hallamos su licencia de manejo. Está en la bolsa ahí en la repisa con sus pocas pertenencias. Tenía fotografías de su familia, por cierto muy linda su gente. Pero no encontraron evidencia de más personas, y tampoco en sus alrededores.
Dr. Brett Rim: Este hombre murió de hipotermia.
Dra. Leticia Aguilar: ¿Cómo es posible que en un lapso tan breve de tiempo, valga la redundancia, tengamos muertes por ambas causas, por el frío y el calor? Quizás por haber llegado hace poco a esta zona no sé del clima mucho.
Dr. Remedios Sánchez: El problema es que estas montañas y el desierto tienen clima muy extremoso. De noche casi por seis meses al año hay peligro de hipotermia. De día me parece que hasta diez meses al año pueden morir de hipertermia.
Dra. Leticia Aguilar: La operación Guardián, en vez de evitar los cruces, ha logrado que ahora se internen por zonas más peligrosas y los migrantes están más expuestos.
Acto II
(Cuarto de una casa en Tijuana, derruido, descuidado, con un sofá viejo y una mesa casi despedazada. Están todos los personajes, más el coyote Inicuo y su ayudante Chasque. Todos están sentados alrededor de la mesa, Inicuo y Chasque al centro.)
Inicuo: ¿Ya estamos todos aquí?
Chasque: Parece que sí. A ver, deja ver la lista.
Inicuo: Tómala, revisa si están todos. Tú la hiciste, ¿no?
Chasque: A hueso de res, si aquí hago yo todo.
Inicuo: ¡No te pases Chasque! Se te olvida quién te metió en este bisnes.
Chasque: Va pues, a ver: Juan Morales, Librado Montes, Guadalupe Heredia, Tranquilino Cruz, Clemencia Potestad, Sandio Lerdo, Pedro Morriña, Josefina Lozano, Lucio Diástoles, Macaria Bravo, Munífico Ángeles y Esperanza Ángeles. Falta uno en la lista.
Munífico: Sí, falta mi hija. No lo pude traer, pero mi primo me la pasa a dejar en cualquier momento. Aquí traigo ya sus cosas.
Inicuo: ¿Qué edad dices qué tiene?
Munífico: Nueve, pero está fuerte la escuincla. Camina largas distancias todos los días, y allá en el pueblo anda por todas partes conmigo. No da problemas la chamaca.
Chasque: Con esto del gaitquiper nos mandan cada vez más hacia las montañas. Por donde vamos a cruzar hay muchos cañones profundos y rocosos, y hay matorrales con espinas por todos lados. Ojalá pueda tu chavala con la friega.
Acto III
(Una cueva no profunda. Los personajes están dispersados en la cueva. Munífico de unos 28 años, moreno, delgado; Lupe de unos 25 años, gordita, guapa; Librado “Panquecito” de unos 35 años, un poco más claro de piel, ojos claros; Esperanza de 8 años, morena, delgada, chula.)
Munífico: Está apretando el frío. Ven, mija, que el frío se extiende como una manta sobre nosotros y no quiero que te cubra a ti. Toma, ponte este jorongo, está seco.
Esperanza: Póngamelo padre, que me estoy muriendo de frío. Acérquese, que tengo miedo. Está muy oscuro.
Munífico: Recógete, arrejúntate más hacia aquí, mija, que está más suave el piso por la arenita. Aquí, ¿la ves? ¿La sientes?
Esperanza: La siento papá, pero no la veo… está muy oscuro. Alúceme, préndame una vela.
Munífico: Tan sólo quedan cuatro. Mira, aquí, prenderé dos, deja y las prendo. Así tenemos dos luces
Guadalupe: Acá, Muni, toma este encendedor. Toma.
Librado: ¡Préndela, ándale, a ver si así calienta un poquito! Mira, Fico, estás temblando, pareces mezcladora de cemento. A ver, dame el encendedor y la vela.
Munífico: No, Librado, déjame hacerlo. Mira, aquí están. Ya la corté en dos. Las pondré al fondo de la cueva para que no alucen hacia fuera, no nos vayan a ver los de la migra.
Esperanza: Papá, mire, afuera, ¿qué pasó? ¿Qué es eso blanco que cae del cielo? ¿Son hojas blancas de árboles?
Munífico: No mija, son…
Guadalupe: Déjame Muni… No, niña preciosa, son hojas de las ramas del árbol del cielo, y sus ramas son las nubes. Sus raíces son las vidas. Este árbol siempre busca llegar a lo más alto del cielo.
Acto IV
(Tranquilino, Clemencia y Sandio están escondidos detrás de una roca grande. Llevan puestos ropa sucia, deshilachada, rota y unas mochilas en la espalda. Están asustados y sudando profusamente.)
Sandio: ¡Esto está de la chingada! ¡Nos van a agarrar!
Tranquilino: ¡Te dije que nos fuéramos más pa’l norte! Pero no, tenías que tener razón a fuerzas. Podríamos haber seguido hacia La Posta y de ahí a Cuyapaipe. Me arrepiento de no haberme ido con los otros.
Clemencia: Muy tarde para eso, quién sabe por dónde andarán los demás. Pero quizás deberíamos de hacer lo que Inicuo dijo, que si pasaba algo y nos dispersábamos, que siguiéramos las torres de luz.
Sandio: ¡Ese cabrón dijo muchas cosas! Ya ves, nada más escuchó ese ruido de los helicópteros, y salió corriendo. Ya ha de estar en México. Nos abandonó el desgraciado. ¡Es un culebro! Chasque nos lo dijo muy claro, que nos cuidáramos de Inicuo.
Clemencia: Déjate de estupideces, que tú estabas molestando a Chasque. Yo insisto, dijo que camináramos siempre junto a las torres de luz, algo de verdad tendrá.
Tranquilino: Las torres nos servirán si decidimos regresarnos hacia México. Vámonos mejor pal’ norte. Juan dijo que si nos perdíamos, que siguiéramos la ruta hacia el norte, siempre a la derecha de la puesta de sol. Se hubiera venido Juan, que ya ha cruzado varias veces.
Sandio: ¡De nada sirve lamentarse, ya estamos aquí! ¡Debíamos irnos hacia el oeste, siento que habrá menos migra hacia allá!
Clemencia: ¿Para cuándo? Si acaba de amanecer. Orita no debemos movernos hasta que se haga de noche. Debíamos de buscar una cuevita para guarecernos.
Tranquilino: ¡Sshhhhhhh! No hablen. Parece que la troca se está acercando. Oigan el motor.
Sandio: ¡Se está alejando, pendejo!
Tranquilino: ¡Sshhhhhhh!
Clemencia: ¡Cállate Sandio!
Acto V
(En el escenario no hay nada más que una serie de piedras y algunas matas secas y algunos. Tres hombres entran al escenario caminando y se detienen a platicar. Una luz fuerte como el sol cae en el centro del escenario.)
Josefina: Ya casi no me queda agua, carajo.
Lucio: A mí me queda algo de agua. Oye, pa’ ser invierno hace mucho calor. Debíamos haber caminado de noche. ¡Qué fuerte está el sol!
Pedro: Yo ya no tengo agua.
Josefina: Será un santana por lo del calor, así me contó el Teclo que pasa en Tijuana.
Pedro: Cuál Santana, ¡qué te pasa! ¡Un López de Santana! Con uno de ésos tuvimos suficiente. Ya estás delirando.
Lucio: Un santana, mi buen. Cambia la dirección del viento y sube el calor. A eso lo llaman vientos de santana, o sólo santana. Sopla del desierto hacia la costa en vez de al revés.
Pedro: ¡Ah, pues pinche santana! Pero si apenas nevó. Y ahora, ¿este calor?
Alba: Así es en California. Lo mismo pasa en Tijuana, de un friazo pasa a un calorzote.
Macaria: ¡Así mismo somos las mujeres del norte!
Pedro: No pos qué clima y qué mujeres se botan. Yo la verdad ya no puedo. Se me doblan las piernas. (Se toca la piel de los brazos y del pecho bajo la camiseta.) Tengo la piel fría.
Macaria: Vengase pa’ ca mi Pedro, yo lo entibio.
Josefina: Ponte seria, carnaza. ¿No ves que está débil? Vamos a descansar por un rato. Siéntense en estas piedras. ¿Qué piensas Lucio?
Alba: Deberíamos seguir caminando hasta las faldas de esas montañas. Allá habrá sombra.
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